Actualmente, el volumen de agua por habitante es menos de la mitad del existente hace cincuenta años. En 1950, las reservas mundiales (después de descontar el agua necesaria para usos agrícolas, industriales y domésticos) ascendían a 16.800 m3 por persona y por año. Hoy día, estas reservas se reducen a 7.300 m3, y en sólo 25 años podrían descender a 4.800 m3.

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Los científicos han desarrollado múltiples métodos para medir las reservas y evaluar la escasez de agua. En los mapas, los niveles “catastróficos” indican que las reservas no bastarían para abastecer a la población en caso de crisis de sequía. Los niveles “bajos” pondrían en peligro el desarrollo industrial o la posibilidad de alimentar a una población.

Analicemos estas imágenes:

Hace sólo medio siglo no había en el mundo ningún país cuyas reservas de agua se hallaran en el nivel catastrófico. Hoy, alrededor del 35% de la población vive en estas condiciones. Hacia el año 2025, cerca de dos tercios de la población humana tendrán que vivir con reservas bajas, cuando no catastróficas. Por el contrario, las regiones “ricas en agua”, como el norte de Europa, Canadá, la casi totalidad de América del Sur, Africa Central, el Lejano Oriente y Oceanía continuarán disfrutando de amplias reservas.
La población en aumento, con mayores necesidades agrícolas e industriales son el principal motivo de escasez creciente de agua. Además, el 40% del agua de ríos, lagos y represas se concentra en seis países (Brasil, Rusia, Canadá, Estados Unidos, China e India); mientras 40% de la superficie terrestre debe contentarse con el 2% del agua.

Según las previsiones, en el año 2025 las reservas de agua per cápita de Europa y Estados Unidos disminuirán a menos de la mitad de los niveles de 1950, en tanto que Asia y América Latina tendrán sólo la cuarta parte de lo que tenían entonces.

Por último, el verdadero drama afectará a Africa y Oriente Medio, donde las reservas serán sólo la octava parte de las que había en 1950
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